Viene de: el laberinto imperial I
Dejamos Fez el Bali y entramos en Fez el Jdid, construido en el siglo XIII, que cobija el antiguo barrio judío o mellah, con la pequeña sinagoga Habarim y un diminuto cementerio blanco.

Además de la mellah, el nuevo Fez acoge otro gran tesoro: el Palacio Real, la residencia oficial del Mohamed VI cuando visita la ciudad. La Plaza Alaouites, con numerosas fuentes, es la antesala del palacio con unas inmensas puertas doradas que nos llevaran a los cuentos de Las mil y una noches.
Fuera de estas dos zonas, al norte de la medina, podemos dar un paseo de una media hora, con mucho cuidado con los coches, hasta llegar a Borj Nord, un monte desde donde podremos contemplar todo Fez.
En cuanto al alojamiento, es conveniente huir de lugares muy baratos, pues en ellos podremos pasar mucho frío por falta de agua caliente e incluso de mantas. Para comer encontraremos múltiples opciones. En Fez el Bali, por ejemplo, en la parte norte, destaca Kasbah Restaurant, un lugar bastante económico, limpio y con platos típicos del país.
La segunda parada de nuestro viaje es Fez, la ciudad islámica más grande del mundo, con más de un millón de habitantes. Es una de las siete ciudades imperiales del país. Está dividida en tres zonas: Fez el Bali, o viejo Fez, Fez el Jdid, el nuevo Fez, y la Ville Nouvelle, una zona residencial y administrativa construida por los franceses, en la que no tenemos que detenernos sin el tiempo apremia.

Las callejuelas de Fez el Bali son las entrañas de la ciudad. Es el corazón de la medina, a la que se puede acceder por una especie de pórtico conocido como Bab Bon Jeloud. Tras atravesarlo, nos hallaremos inmersos en un auténtico laberinto de puestos, similar a los zocos de Marrakech pero con menos turistas y más compradores autóctonos. Aun con una buena guía, es casi imposible situarse en ese laberinto.
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Zacatecas. Territorio de minas de plata, oro, estaño. Primer espacio de explotación mundial Ya en el S.IX los pueblos prehispánicos arrancaban metales preciosos a la tierra madre, con la conquista española la ambición trajo la muerte de millones de indígenas que quedaron a 400 metros de profundidad o murieron de silicosis en busca de una veta. La riqueza trajo muerte, pero también belleza. Los colores lechados y pardos de las mansiones coloniales, las calzadas filosas, las plazas ajardinadas que salpican la traza colonial de Zacatecas, los mercados, chaflanes, fuentes, barandillas.

Para llegar a esta ciudad, a ocho horas al noroeste del Distrito Federal, hay que atravesar el paisaje árido, de postal, donde conviven culebras, ratoncillos y nopales. Una carretera extensa, lineal, surcada de pantano s que necesitan manutención y la línea de autobuses chihuhuense tiene viajes regulares.
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Viene de: el pueblo azul I
Otro plan atractivo consiste en acudir a uno de sus hammanes, o baños públicos. Hamman Douches Barakat es uno de ellos. Es un lugar bastante limpio, al que pueden acudir los hombres por la mañana y las mujeres por la tarde, nunca mezclados.

Si el hostal o pensión en el que nos alojamos no tiene duchas con agua caliente, es un sitio perfecto donde pasar un buen rato en remojo.
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Al norte de Marruecos, muy cerca de Tetuán, Chefchaouen (o Chaouen) nos da la bienvenida. Es un pequeño pueblo interior asentado en las laderas de uno de los montes de El Rif, región montañosa conocida en toda Europa por sus cultivos de cannabis. Por eso, no es de extrañar que al minuto de entrar en el pueblo varios jóvenes se ofrezcan para vendernos “cositas buenas y baratas para fumar”. Pero Chaouen es mucho más.
Tras atravesar las puertas de su medina, nos topamos con cientos de casas destartaladas pintadas de azul, el sello de identidad del pueblo. Según nos comentan, los mosquitos huyen despavoridos al ver este color. Las callejas adoquinadas, repletas de puestos donde se puede comprar casi cualquier cosa, serpentean por la ladera hasta conducir a la plaza principal, conocida como Plaza Uta el-Hamman. En ella, además de numerosos restaurantes donde comer, como La Lampe Magique (un sitio algo caro pero con una terraza con vistas inmejorables del pueblo), encontramos una mezquita y una antigua kasba o fortaleza, con unos jardines perfectos para estrenar nuestra cámara de fotos.
Además de sus calles y sus gentes, resultante interesante hacer una excursión de algo más de media hora andando hasta una mezquita en ruinas situada a las afueras del pueblo, y atravesar al mismo tiempo una pequeña cascada, donde podemos observar a las mujeres lavando la ropa a mano. Desde lo alto de la mezquita, las vistas del pueblo y de los montes que lo abrigan son magníficas.
Continuará…