Viene de: Hacia el oriente, Santiago de Cuba I.
Tú, viajero, tampoco puedes perderte el Castillo del Morro, una fortificación comenzada por el ingeniero militar Juan Bautista Antonelli (hijo) y el gobernador de la ciudad Pedro de la Roca en 1638, para proteger la bahía de los ataques piratas, bucaneros y corsarios ingleses, que lograron penetrarlo dos veces.

En el S.XIX la fortaleza se convirtió en prisión, y en 1978 se abrió al público como parte del patrimonio nacional. Estando allá yo pensaba que era muy romántico, como un cuadro del Sturn und Drang y al rato aparecieron unos muchachos a recitar poemas.
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« Ten cuidado en el oriente, niña » , me dijeron en La Habana. Sin embargo, sin cuidado y con paciencia, uno puede encaminarse a Santiago en un autobús de via azul, en un avión de Cubana Airlines, en un tren que se demora 36 horas o en una guagua si no abre la boca y demuestra ser un yuma (es decir, un extranjero o turista)..y la experiencia merecerá la pena.
Si la Habana resulta fascinante por su estática milagrosa y el bullicio de sus calles, Santiago guarda un encanto mucho más apegado a la tierra áfricana y a la tumba francesa, aunque en él también se encuentran las tendencias más novedosas de la vanguardia. Sus gentes son acogedoras o canallas, sus paisajes sobrecogedores, su café (que puede degustarse en los cafetales tradicionales como La isabelica o Dolores) delicioso.
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