Cuando cumplí 18 años tenía ilusión por votar. Algo nuevo que te hacía sentir importante. Las opciones eran múltiples, pero no me sentía identificado con las opciones. Dos días antes de las elecciones me puse a repasar las propuestas. Me costó mucho encontrar alguna idea que me llamara la atención pero no me convencieron.
Con el paso del tiempo uno se va dando cuenta de que los partidos hablan otro idioma. Por lo menos no es el mío. No me gusta votar unas siglas y que con eso me etiqueten. Defender las tonterías que hacen los partidos por gobernar. No entiendo por qué no hay más ideas para solucionar todo. Solo se acuerdan de mi voto cada cuatro años.
Esta es una pregunta que se hace ahora mismo mucha gente, que los partidos mayoritarios intentan desvirtuar hacia sus intereses. La mejor respuesta está yendo a comprobarlo, en la misma plaza. Tampoco se ha de pensar que en la plaza hay una respuesta única a la pregunta ¿para qué se hace esto? o ¿quién organiza esto?
En este texto se dará una idea subjetiva, la de alguien que hubiera querido inmiscuirse dentro durante más tiempo para conocerlo mejor. No se trata de una verdad absoluta, hay reflexiones más profundas y otras visiones que se me escapan. En definitiva, lo bonito de todo esto es que cada uno lo ve a su manera y eso, al menos de momento, es respetado por todos.