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Tener hijos: ¿necesidad evolutiva o capricho?

Todos los seres vivos necesitan tener descendencia para perpetuar su especie. Pero cuando una especie crece ilimitadamente empieza a ser una plaga que causa desajustes en el resto de seres vivos y en el propio medio en el que vive.

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Cuando esto pasa en la naturaleza de forma muy acusada, dicha especie acabará por extinguirse. Esto se debe a una causa que voy a simplificar de este modo: si yo vivo porque me alimento de conejos y me como todos los conejos, en el momento en el que no queden conejos mi existencia tiene los días contados. Frecuentemente en la extinción de especies influyen diferentes factores. Conocemos el caso paradigmático de los dinosaurios, un conjunto de especies que llegaron a dominar la Tierra y debido a una combinación de causas acabaron bajo el vórtice de la extinción.
La especie humana es muy singular, porque además de tener una dieta omnívora, tenemos inteligencia. Son dos armas muy poderosas que pueden provocar muchos impactos en el medio que nos rodea y a la vez prolongar nuestra existencia hasta un punto incalculable.

Toda nuestra naturaleza e instintos están modificados gracias a nuestra inteligencia, esto nos conduce a un mundo donde el crecimiento poblacional de la especie humana es exponencial y seguirá siéndolo irreversiblemente hasta el momento en que alguna amenaza caótica nos aceche (enfermedades, guerras, desastres nucleares, catástrofes naturales, agotamiento de recursos, etc.).

¿Y QUE OCURRE CON LA NECESIDAD DE TENER HIJOS? ¿ES UN INSTINTO?

La verdad es que aún no tengo respuesta para eso. Para muchas personas es un deseo irremediable, para otras una decisión tomada tras un periodo de reflexión, para otras es una opción que les viene por sorpresa… Pero debemos admitir que a veces esa decisión está influenciada por la sociedad y sobre todo por nuestro entorno más cercano. Para muchas personas la madurez llega cuando se puede conseguir el pack coche, casa y niños. Sin embargo, en el mundo menos desarrollado tener hijos puede suponer un individuo más para trabajar, una gran ayuda a la economía de las familias, acelerando la madurez de los niños.

La cantidad de personas que en la actualidad habitan en nuestro planeta es posible gracias a la inteligencia del ser humano, la cual a veces se usa para bien y otras no tanto. Los instintos animales del ser humano se camuflan bajo su capacidad de raciocinio y no podemos llegar a saber con exactitud qué porcentaje de componente social y genético tienen nuestros comportamientos.
Hemos dejado el crecimiento de nuestra población en manos de una ciencia inventada por el propio ser humano que se llama economía, la cual sirve para generar riqueza a costa de agotar nuestros propios recursos y producir desechos. La expansión económica ha permitido un aumento de población considerable a lo largo de la historia. Sin embargo, la Tierra se degrada cada vez más y a pesar de que esto se conoce desde hace mucho tiempo, seguimos consumiendo recursos, produciendo residuos y contaminando.
Sin profundizar demasiado en los dos mundos, porque esto daría para otro artículo, el del “norte” y el del “sur”, el “pobre” y el “rico”, el “desarrollado” y el “subdesarrollado”, en el que se existe la posibilidad de tener hijos planificadamente y el otro en el que se tienen más hijos pero con menos probabilidad de supervivencia… ¿qué podemos hacer ante tal situación?

CAMBIO DE PATRÓN DE CRECIMIENTO

La solución pasa por plantearnos otra perspectiva, cambiar el patrón de crecimiento económico y social. Intentemos ser sostenibles en todo lo que hagamos, incluida la crianza.
No podemos pretender exigirles a los países en vías de desarrollo que no se desarrollen como en los nuestros se ha hecho. En ese sentido solo nos queda dar ejemplo, primero tenemos que empezar el trabajo desde casa, en nuestro entorno cercano, trabajo, barrio, ciudad y país.
No podemos permitir que las generaciones venideras vivan con una atmósfera sin ozono, que sufran tumores o que descubran que antes el nivel del mar era mucho más bajo y que había más superficie de Tierra emergente, en la cual había recursos útiles que se han malgastado. No podemos tolerar que se extingan especies antes de descubrirlas. No podemos contarles que hemos agotado totalmente algunos recursos energéticos y que no hemos usado las fuentes inagotables de energía…
Son muchas las cuestiones que podríamos poner en tela de juicio para llegar a una sola conclusión, que es la que a mí hoy me gustaría plantear: tenemos que dejar de crecer de forma insostenible para perpetuar la supervivencia de nuestra especie en este mundo. Al menos el mundo tal y como lo conocemos actualmente.

María José Ruiz Hidalgo

Fuente fotografía: www.thoughtineuskadi.com

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Ahijados en peligro de extinción

Especies como el lince ibérico, el águila imperial, el orangután de Borneo o multitud de cetáceos ven menguar sus poblaciones sin que los programas oficiales consigan mejorar su situación.

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Echando imaginación y espíritu solidario, algunas entidades han decidido apelar directamente a las personas amantes de los animales mediante el apadrinamiento, una forma de ponerle cara a las acciones de conservación. Hasta la prestigiosa Estación Biológica de Doñana se ha apuntado a esta corriente.

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