Si, en España, la sensación -a mi humilde parecer- es que toda la población quiere ser funcionario. ¿Razones? “Sueldo estable, horario de ocho a tres o trabajos light”. Estas ideas son las que torpedean los aspirantes a funcionario a todos los “curritos” que no lo son o no tienen pensado serlo. Por ahora. Y que les preguntan.

Con esta mentalidad vivieron durante 30 años muchos de los trabajadores de France Telecom, hasta que en 1997 Jacques Chirac decidió privatizar la compañía y, con ello, llegaron las presiones para sacar adelante los resultados y los objetivos de la empresa. Se perdieron los desayunos de 45 minutos.
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En los últimos años, se repite de forma recurrente una encuesta a los jovenes de nuestro país. En dicha encuesta el resultado parece un calco del anterior y se resume en que más del 60% de los jovenes quiere ser funcionario.

Y es que no hay nada como tener un puesto fijo y un salario asegurado para toda la vida, hagas lo que hagas, trabajes lo que trabajes, vayas o no… lo cual es una presentación inmejorable en estos tiempos en los que tener un puesto de trabajo es un privilegio.
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Hace un año por estas fechas, me encontraba preparando mi segunda visita a la Gran Manzana. En un septiembre otoñal, ideal para recorrer las calles de la ciudad sin sufrir el tropical clima veraniego o viajar en la cubierta del ferry a Staten Island sin acabar con una hipotermia por las inclemencias invernales que sufre la ciudad de los rascacielos.

No imaginaba, que tal día como hoy hace un año, un terremoto financiero iba a sacudir los mismos cimientos del sistema, fue el día que cayó Lehman, uno de los bancos de inversión más poderosos del mundo.
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Leyendo el artículo que publicaba la Agencia Dossier en el Mundo de Wayne titulado Del árbol a la mesa pasando por Internet, me surge una pregunta que lleva tiempo rodándome en la cabeza: ¿por qué tengo que pagar los tomates dos veces?

Sí, sí, dos veces. Una a 2 € el kilo en el supermercado, y otra cuando con mis impuestos se paga la subvención al agricultor de, pongamos por ejemplo, 0.5 € el kilo. Esto se hace así porque sino el agricultor no ganaría nada, ya que él los vende a solo 0.10 € el kilo al intermediario que a mi me lo vende a 2 €.
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Algo está pasando en el comercio de alimentos. Los precios abusivamente bajos que pagan a los agricultores las grandes cadenas de distribución, unido al paradójico encarecimiento de muchos alimentos básicos está propiciando una sorprendente novedad: la eclosión de los circuitos alimentarios que ponen en contacto directo a productor y consumidor, como hace un siglo, sí, pero, utilizando la más moderna tecnología.

Los denominados “canales cortos de comercialización” son una verdadera revolución que intenta salvar al campo español y, de paso, mejorar nuestra salud y el bolsillo. La venta de alimentos sin intermediarios prolifera en España en beneficio de nuestra salud y el bolsillo.
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