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“Yo” ante un concierto

¿Cómo describir sensaciones? ¿Cómo hacerlas llegar y hacer que los demás las sientan como propias? Ese es el objetivo que me hace escribir estas líneas con el fin de plasmar, lo más fielmente posible (y desde un punto de vista empírico), lo que un músico percibe, las cosas que se le pasan por la cabeza, horas antes de un concierto en el que él/ella y su banda serán los encargados de liderar la buena marcha de la velada.

Si algo se encuentra fuera de toda duda, es que los integrantes de Alquimia Urbana consideran cada concierto como una gran fiesta donde compartir con los asistentes el resultado de nuevas ideas, horas invertidas, ensayos, grabaciones, estados de ánimo, sentimientos, experiencias… Y todo lo anterior se convierte en un círculo vicioso, porque donde realmente disfrutamos es cuando se toca en directo.

Y no se toca en directo sin haber trabajado antes (o, al menos, no se debería si se quiere obsequiar a los asistentes con un espectáculo de calidad). En realidad, un concierto es eso, un espectáculo, y como tal ha de entenderse por parte de los músicos y también por el público.

CONCEPTO DE HOBBY COMO MANIFESTACIÓN ARTÍSTICA

Los que no vivimos de nuestra vocación musical, corremos el riesgo de no ser convenientemente comprendidos cuando intentamos explicar que nuestro hobby es una manifestación artística como lo puede ser la de el que pinta cuadros en su desván los fines de semana o la de la pareja que se apunta a clases de baile de salón. De hecho, ¿cuántos padres y madres apuntan (u obligan) a sus hijos e hijas a clases de guitarra, canto o piano cuando estos son menores? La respuesta, en el fondo, es sencilla, ya que obedece a un enriquecimiento personal que se acrecenta cuando se comparte con más gente.

Pero, ¿por qué a partir de cierta edad, esa visión positiva de aprendizaje, disciplina y expresividad artística se convierte, a los ojos de algunos, en una actividad de desarrapados o, en el mejor de los casos, rockeros trasnochados? En cualquier espectáculo, ya sea cine, teatro o circo, la puesta en escena es muy importante y no lo son menos la vestimenta, el sonido, la iluminación… Son esas cosas que hacen que el espectador recepcione con más facilidad el mensaje que lanza el artista y haga que aquél se considere parte del espectáculo. El show necesita pinceladas de color y esas pequeñas cosas que valen para ese momento han de ser vistas y entendidas como parte de un todo (el espectáculo) y no de manera individualizada, donde corren el riesgo de poder ser malinterpretadas.

Esta reflexión nos hace enmarcar este comentario en un ambiente único que desgrano a continuación.

LA INQUIETUD PRE-CONCIERTO Y LA IMPORTANCIA DEL EQUIPO

Nerviosismo no sería la palabra adecuada para definir nuestro estado ante una inminente actuación. Me inclinaría a usar el término inquietud. Inquietud por no defraudar al público, por desear que todo esté a la altura de las expectativas y de la ilusión que la banda, encargados de marketing, fotógrafos y demás personas involucradas han depositado en el acontecimiento.

Es relativamente sencillo para nosotros tener la seguridad de que todo aquello que se encuentra bajo tu ámbito de control, no fallará. Sin embargo, hay otras muchas cosas que escapan de ese perímetro de seguridad: la sonoridad de la sala, el equipo de sonido, el técnico que te ecualiza, etc. Como momento culmen de esta inquietud encontramos a la temida prueba de sonido. Una buena prueba hace que salgas al escenario únicamente preocupado por lo que tú mismo seas capaz de hacer, por el contrario, una prueba insuficiente o realizada con prisas hace un flaco favor al músico cargando innecesariamente sobre sus espaldas una responsabilidad que no debería ser por él asumida.

El artista es responsable de su actuación, su interpretación, su ejecución, su empatía con el público y, al igual que el técnico no subirá al escenario para hacer el solo del guitarrista, el músico no será el encargado de ecualizar correctamente. En este apartado, hay experiencias de todo tipo: las hay muy malas, malas, regulares, buenas, muy buenas y excelentes. Curiosamente, siempre nos acordamos de manera similar de las experiencias positivas y negativas, ya que, al igual que una mala ecualización puede arruinar un concierto, una buena hace que todo sea más fácil. En este caso, mención muy especial a la sonorización de nuestro último concierto en la Sala Lemon en Enero de 2010, ¡bravo Adrián!

LUZ, ACCIÓN Y COMPLICIDAD

Y cuando te quieres dar cuenta de las cuatro horas que llevas en la sala desde que aparcaste el coche en la puerta para descargar todos los “cachivaches”, te encuentras encima del escenario con las luces apuntándote fijamente y la gente jaleándote para que inicies el show. ¡Qué sensación tan maravillosa!

La piedra base de un proyecto, sea cual sea, es la implicación y complicidad de las personas que lo desarrollan y, Alquimia Urbana no es ajena a ello. Esa es la verdadera fortaleza de la formación, más allá de lo que cada uno aporte musicalmente. Es un verdadero lujo compartir ratos inolvidables con David, Alberto y Jota, sin duda, los mejores compañeros de viaje que se puedan tener. Y qué mejor ocasión y compañía que la que tendremos en el concierto para celebrar mi trigésimo cumpleaños. Será la primera vez que los cumpla encima de un escenario y, aunque cambio de decena y aparco la veintena, la ilusión y las sensaciones que tengo son realmente buenas (uno es optimista por naturaleza).

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