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El desarrollo sostenible pasa por una “nueva felicidad”

Es irónico ver como la práctica de dos ciencias que comparten una raíz etimológica (economía y ecología) han llegado a divergir hasta tal punto que ahora resultan casi antagónicas. El modelo (económico) impuesto de explotación de los recursos naturales ha llevado a un estado de degradación ecológica difícilmente reversible o al menos corregible hacia un verdadero futuro sostenible.

Desarrollo sostenible a debate

Desde la publicación en los ochenta de Nuestro futuro común por la Comisión Bruntland o La estrategia de conservación mundial por la IUCN se ha estado hablando una y otra vez de uno de los más atractivos conceptos de los últimos tiempos: el desarrollo sostenible.

DESARROLLO SOSTENIBLE COMO IDEAL, NO COMO POLÍTICA, NO TAN SIQUIERA COMO INTENCIÓN

Nadie se opone a que el uso presente de nuestros recursos naturales no comprometa la disponibilidad y calidad de los mismos para las futuras generaciones. El concepto, más que mandato o política, es un deseo o ideal que por supuesto debemos buscar, pero del que aún estamos lejos de cumplir.

Y no solo eso, si no que si nos fijamos en sentido contrario resulta desde que se acuñó el término, la devastación y la explotación incontrolada de los recursos han aumentado de manera evidente. Deforestación, calentamiento global, pérdida masiva de biodiversidad, eventos climáticos extremos, pérdida de suelo fértil, eutroficación, desertificacion, entre otros, son algunos de los ejemplos más preocupantes.

MEDICIONES, ESTUDIOS, RESULTADOS…ACTUACIONES

La ciencia moderna que todo lo quiere medir se ha atrevido incluso darle valor monetario a paisajes y ecosistemas (me pregunto, entre otros muchos ejemplos, cuánto vale el tigre como especie). Esa es una de las tareas comunes de la economía ambiental que con una mezcla de mediciones “exactas” y procedimientos subjetivos, como encuestas de opinión, llega a valorar el impacto ambiental que implica una nueva carretera o una explotación minera por ejemplo.

Sospechosamente casi siempre en esas mediciones se obtienen resultados con cifras descomunales y se prueba que las obras generan aún más “beneficios” (mas ceros a la derecha) que pérdidas y además que los daños son reparables (mitigable, es el tecnicismo más común).

Finalmente las obras se ejecutan con la promesa de que sus impactos serán minimizados, aunque obviamente mucho de esto se queda en el papel. Se intenta y se vende la idea de la sostenibilidad, pero se continúa con el “business as usual”, maximizando las ganancias a costa (y/o coste) del planeta y sus habitantes.

ÍNDICES Y MEDICIONES DE TODAS LAS CLASES

Otra tendencia es la creación de toda suerte de índices y mediciones que, si bien pueden ser ocasionalmente útiles e incluso mostrar algunas tendencias, se quedan muchas veces cortos en la descripción de la realidad. De hecho, se da con extendida frecuencia una tendencia (o manía) hacia las listas y las jerarquías. Esto lo que indica en muchos casos es falta de ideas y una salida fácil a los problemas concretos.

Derivados de los índices clásicos (como el PIB o el IDH) y al mismo tiempo producto de un matrimonio entre ciencias sociales y ambientales con la estadística y las ciencias exactas (como la física) también proliferan algunos tan particulares como poco prácticos:

  • El índice de pobreza multidimensional
  • El índice de potenciación de género
  • El índice de pobreza de capacidad
  • El cálculo complementario de pobreza

Se han creado índices hasta para medir la felicidad, lo cual a priori parece una tarea bien compleja, subjetiva e individual. Pero la realidad indica que, entre otros, encontramos:

  • El índice planetario de felicidad
  • El Gross National Happiness (La felicidad nacional bruta!),
  • El indicador de progreso verdadero

(LA NO) UTILIDAD DE LAS MEDICIONES

Habría que admitir que todos ellos cuentan por supuesto con su dosis interés. El problema lo situamos cuando observamos la escasa utilidad (sin índices ni nada) que tiene esa gran cantidad de expertos enriqueciendo discursos intelectuales y bibliografías, mientras la pobreza en el mundo junto con la degradación ambiental han aumentado dramáticamente en las últimas décadas. ¿Sirven por lo tanto para algo toda esta clase de mediciones y análisis? ¿Hay alguna mínima voluntad de que sirvan? Y lo que es mucho más importante, ¿pasa por esto nuestra felicidad?

Fuente de la fotografía: www.laciudadviva.org

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