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¿Qué son los servicios ambientales?

Nos adentramos en este concepto de la mano de Pablo Martínez de Anguita, Doctor Ingeniero de Montes y profesor titular de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. También ha sido profesor en las Universidades de New York y Yale en Estados Unidos y recientemente de Oxford en el Reino Unido.Su especialidad es la política y economía ambiental y forestal, tanto en España como en países en desarrollo.

En elmundodewayne.es le conocemos por sus colaboraciones sobre los Parques Binacionales para la Paz. Y en esta ocasión nos acerca al concepto de los “servicios ambientales” mediante una intervención en El Congreso de los Diputados para la Comisión Mixta no permanente para el estudio del cambio climático.

Resumen de su exposición donde se responde a la pregunta  ¿Qué son los servicios ambientales?

Comenzaré remontándome unos siglos atrás a Éfeso, una de las doce ciudades jónicas a orillas del mar Egeo, hoy Turquía, en la desembocadura del río Caistro. En su puerto, en el siglo I, San Pablo permaneció tres años predicando y trabajando. Su anfiteatro, para 24.500 personas o el templo de Artemisa, con 120 columnas, considerado en la antigüedad una de las siete Maravillas del Mundo nos da un visión de la importancia que tuvo hace veinte siglos esta ciudad portuaria. Hoy, sin embargo, Éfeso es una ciudad abandonada a 6 kilómetros del mar. El incremento de la presión sobre los montes circundantes, tanto agrícola como ganadera modificó el paisaje transformando los bosques en tierras de cultivo y posteriormente en pastos que no pudieron retener los suelos. En el siglo sexto los aluviones del río Caistro habían taponado totalmente el puerto.

La historia del declive y abandono de Éfeso puede interpretarse de muchas maneras. Yo me atrevo a pensar que a pesar de ser la ciudad con una de las grandes primeras bibliotecas del mundo, la de Celso, con más de 12.000 volúmenes, ninguno de los sabios que estudió en ella supo comprender el libro de la naturaleza. Los bosques de los montes que rodeaban a la ciudad y formaban el valle eran parte de la infraestructura portuaria; sin la retención de suelos y regulación del ciclo hidrológico que estos generaban, la ensenada se colmataría años mas tarde.

A esta capacidad que tienen los ecosistemas para crearnos la infraestructura sobre la cual podemos desarrollar nuestros puertos y ciudades, nuestra civilización, es a lo que la ciencia actual ha acabado denominando el capital natural. Este capital genera unas rentas proporcionales a su estado que permiten la habitabilidad de un territorio. Parte de estas rentas entran en el mercado y se consumen. La madera o el corcho son buen ejemplo de ello. Esta parte de rentas no presenta una dificultad excesivamente grande para su manejo. Garantizada la propiedad o el usufructo de las rentas, el interés del propietario en mantener un flujo constante en sus ventas del bien, una legislación adecuada y el propio mercado contribuyen lograr un flujo sostenible de dichos bienes. El problema de Éfeso, como el nuestro ahora, es que una parte de las rentas de los ecosistemas no son fácilmente tangibles y no tienen mercado. Estos intangibles constituyen los denominados servicios ambientales o de los ecosistemas. Estos se pueden definir como servicios públicos en la medida que todos nos beneficiamos de ellos aunque no los consumamos individualmente. No consumimos directamente la fijación de carbono o la capacidad de un ecosistema para retener agua; pero si estos servicios dejan de tener lugar, nuestro entorno se vuelve para todos más inseguro, inhabitable o perjudicial para la salud. En este sentido, el cambio climático es solamente una de las formas en las que se expresa este problema. Es la consecuencia de unas emisiones de carbono que al no quedar fijadas generan un cambio al igual la falta de fijación de suelos causó a largo plazo la colmatación de la bahía de Éfeso.

Así pues el problema más difícil que afrontamos a la hora de conservan nuestro capital natural, es la dificultad que tiene una parte de éste, aquel cuyas rentas nos benefician en forma de servicios, a entrar a formar parte de nuestro sistema económico. Esta razón explica porque disminuye el capital natural a pesar de que los beneficios de los ecosistemas tales como la biodiversidad, la estabilidad climática o la retención de suelos nos favorezcan a todos. La naturaleza se degrada allá donde su destrucción genera para su dueño mas beneficio económico que su conservación, a pesar de que la sociedad en su conjunto salga perdiendo.

Una sencilla fórmula para lograr que todos ganen en esta situación la constituyen los denominados “pago por servicios ambientales”. Éstos se definen como una transacción voluntaria en la que un servicio ambiental bien definido (o un uso de suelos que probablemente garantizaría el servicio) es ‘comprado’ por un (mínimo de un) comprador de servicios ambientales de un (mínimo de un) proveedor de servicios ambientales si y sólo si el proveedor del servicio suministra continuamente dicho servicio (aspecto condicional).

Dentro del discurso de Pablo, hay otra parte que merece resaltar por hablar sobre una problemática conocida del campo español. Sabemos que en la mayoría de los ayuntamientos, la conciencia que se tiene de su zona de gestión es simplemente la zona urbanizada dejando el resto del territorio municipal prácticamente para la gestión autonómica y sintiendo su campo circundante como una fuente de ingresos al declararlos como urbanizables y Pablo nos cuenta una posible forma de cambiar esta conciencia:

permítanme hacerles una última consideración algo más atrevida sobre las posibilidades que el concepto de pago por servicios de los ecosistemas puede ofrecer. Si la financiación municipal pudiera vincularse parcialmente – al estilo de la condicionalidad agraria -al estado de los ecosistemas del término municipal, el incentivo urbanizador que hemos vivido podría derivarse en uno de conservación al tiempo que facilitaría sumar participación local en la conservación de los ecosistemas. En este sentido un mecanismo de pago por servicios ambientales comarcal o incluso municipal puede suponer el comienzo de una guardería o custodia a nivel municipal o comarcal de los territorios.

Otra parte interesante extraída del discurso es cuando se habla de la cooperación española, basada fundamentalmente en desarrollo social y defensa del patrimonio pero débilmente desarrollado en lo que ha medioambiente se refiere:

Hoy los problemas ambientales trascienden las fronteras y la solidaridad internacional es técnicamente necesaria para resolverlos. Más de trescientos millones de personas se refieren a sus bosques, subsisten en ellos, los gestionan, queman, estudian, destruyen o conservan en español. Y sin embargo España, comparada con el resto de los países europeos, vive de espaldas a los bosques del mundo más allá de sus fronteras. Pero esto sin embargo, no fue siempre así. Alexander von Humboldt, uno de los grandes naturalistas de toda la historia escribe en una de sus cartas a comienzos del siglo XIX: “Desde fines del reinado de Carlos III y durante el de Carlos IV, el estudio de las ciencias naturales ha hecho grandes progresos no sólo en México, sino también en las otras colonias españolas. Ningún gobierno ha sacrificado sumas más considerables que el español para fomentar el conocimiento de la naturaleza.”

Fuente de la fotografía: www.tusviajesfavoritos.com

Vídeo: intervención íntegra.

Pablo Martínez de Anguita: es Doctor Ingeniero de Montes y profesor titular de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. También ha sido profesor en las Universidades de New York y Yale en Estados Unidos y recientemente de Oxford en el Reino Unido.Su especialidad es la política y economía ambiental y forestal, tanto en España como en países en desarrollo.

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