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De cerdos, vacas , pollos y cambio climático (II)

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El hecho que comamos carne de algunos animales y no de otros tiene muchas razones culturales o prácticas. Entre ellas están  la disponibilidad, el sabor, el proceso de domesticación o  su co-evolución con los humanos.

En tiempos preindustriales la abundancia de recursos no  tenía mucho en cuenta la productividad. Hoy en día siempre se busca la optimización de recursos (la ganancia), pero al mismo tiempo es difícil que se reemplacen  especies consumidas por miles de años. Aún hoy día en algunos países no industrializados todavía sigue siendo sinónimo de poder, no solo económico, el poseer tierra y animales.

El ganado, además de ser responsable globalmente del 18% de las emisiones de CO2 (más que el transporte), de gran parte del deterioro de suelos, de la deforestación, la contaminación de aguas y la pérdida de biodiversidad también es notoriamente ineficiente en la conversión de alimento en carne. Para que una res produzca un kilo de carne aprovechable es necesario darle casi seis de alimento. El rendimiento más bajo comparado con los tres que necesita un cerdo o los dos de un ave de corral. Esta es una de las razones para que las multinacionales productoras de concentrados ensayen productos cada vez más “eficientes” para el alimentar vacas, creando problemas en sus estómagos y de paso en la atmósfera además del deterioro de bosques,  suelos,  aguas y hasta  economías locales en otros países.

EFECTOS A NIVEL GLOBAL Y CAMBIO DE HÁBITOS

Éste es el mundo global y normalmente la fórmula es la misma: el interés particular contra el colectivo, multinacionales poderosas sacando ventaja de estados complacientes. Grandes negocios (la ganadería es el subsector agrícola de mayor crecimiento) creando grandes ganacias a costa del planeta y afectando casi siempre a los más débiles, frecuentemente en países pobres. Pero también los problemas son globales y, aunque en diferentes formas, también afectan más tarde o temprano a los países ricos.

No se pretende hacer una apología del vegetarianismo ni mucho menos, pero sí se intenta crear conciencia del costo de nuestras hamburguesas, chorizos o bistecs. Al mismo tiempo debemos pensar en alternativas como nuevas fuentes de proteínas, cambiar el modelo productivo, mejorar nuestra dieta, poner atención que hay detrás de lo que compramos, consumir más lácteos y menos carne o simplemente reducir nuestro consumo de carne.

Fuente de la fotografía: http://cooking.savvy-cafe.com

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