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En Cataluña, el catalán

En un Estado donde cada vez más se opta por defender lo propio, la tierra más próxima, la Generalitat de Catalunya aprobó el martes pasado un decreto sobre la Ley de Universidades que exigirá a los profesores un nivel mínimo de catalán.

Montilla y Huguet, unidos ante la Ley de Universidades

En plena precampaña electoralista para las elecciones al Parlamento el próximo 28 de noviembre, Montilla y los suyos han dicho sí al catalán dentro de las aulas. Si prácticamente la mitad ya se hacían en esta lengua, ahora los profesores tendrán que demostrar que su nivel dialéctico es del ‘nivel C’, como se denomina el título que se exigirá a los docentes.

Pero con vistas a los posibles problemas o ideas contrarias que podrían retrasar, más todavía, la aprobación de este decreto, los puntos expuestos dan “manga ancha” a las universidades. De este modo, solamente tendrán que demostrar su perfecto catalán los nuevos profesores que quieran optar a una plaza fija, así como los eventuales que superen los dos años en su cargo.

Además, también tendrán la oportunidad de dar hasta dos años de tiempo a los nuevos profesores para que alcancen el nivel mínimo de catalán necesario para ejercer su profesión. Asimismo, impartirán cursos a sus docentes para que estén a la altura de las exigencias e incluso podrán eximir de este requisito a determinados académicos según sus funciones.

La Generalitat va más allá. Su idea es, como aseguró Joseph Huguet, consejero de Innovación, Universidades y Empresas de la Generalitat, homologarse a “países como Suecia, Noruega o Finlandia”, así que los profesores extranjeros, que no tendrán que pasar el examen de catalán,  deberán certificar fehacientemente su nivel de castellano para impartir clases en una lengua extranjera. Cataluña lucha por que todos lleguen a ser políglotas en un país donde la lengua materna no acaba de dominarse.

Aquellos profesores que llevan años impartiendo sabiduría en las aulas están libres de exámenes, títulos y demás papeleos, eso sí, si quieren participar en nuevas procesos de selección si tendrán que ser de aquellos que tienen el ‘nivel C’ de catalán.

¿Qué se quiere conseguir con esta Ley? ¿Polémica? Lo cierto es que no, aunque sea una de las cosas que más ha causado. Tal y como afirma Josep Montilla, Presidente de la Generalitat, aplicar este decreto “es de pura lógica” porque están en Cataluña y por lo tanto, hay que primar la lengua propia.

YO HABLO CATALÁN, YO TENGO PREMIO

Aquellas universidades que realmente luchen por que el catalán se refuerce tendrán premio ya que “las que hagan un mejor proceso de normalización lingüística en catalán, reciben una prima, es decir, tienen un dinero supletorio sobre las que se quedan en los niveles básicos”, según explicó Huguet dos días después de aprobar la Ley de Universidades.

La Dirección General de Universidades financia a las mismas por el cumplimiento de una serie de objetivos pautados, entre ellos, el fomento del catalán. Por ello, en 2009 se invirtió un 60% en centros que priorizaban el catalán frente al 40% en aquellos que solamente se dedican a enseñar.

Para que la distribución económica sea justa habrá una comisión interuniversitaria de evaluación lingüística que controlará que el nivel de catalán impartido se corresponde al ‘nivel C’ establecido por la Secretaría de Política Lingüística.

YO NO HABLO CATALÁN, ENTONCES ¿QUÉ?

Como casi toda ley aprobada, las corrientes contrarias no tardaron en aparecer. La Asociación Nacional por la Libertad Lingüística (ANLL) quiere recurrir esta ley y para ello busca el apoyo del Partido Popular catalán abanderado por Alicia Sánchez-Camacho. ANLL quiere llegar a través de este partido al Consejo de Garantías Estatutarias para que se modifique el decreto aprobado y así, las universidades tengan mayor libertad a la hora de impartir sus clases en catalán o castellano.

Fuente de la fotografía: Generalitat de Catalunya

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