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Fauna empresarial: el peligro del Lobo

Lobo empresarialDesde hace un tiempo algunas grandes empresas en las que colaboran amigos cercanos van dando bandazos, resultado de los costes de decisiones pasadas. Estas empresas con cierta solera, comparten algo más que el tamaño, son similares en madurez, en cultura y en perfiles directivos y de mando.

Sin ánimo de generalizar y analizando los comportamientos de los mandos, nos hemos dado cuenta que abunda en esta “fauna” empresarial un perfil altamente político y con capacidad de influencia, pero con una conciencia social limitada. Como diría Rodriguez de la Fuente:¡los lobos!

El Lobo empresarial es un animal peligroso para las organizaciones, sobre todo si suma a su limitada conciencia social una falta de ética flagrante. Su conducta comprometerá la sostenibilidad del negocio en el medio o largo plazo, por su influencia en las personas y por sus decisiones estratégicas.

El Lobo no potencia a las personas, no las apoya, se limita a dirigirlas, les dice, sienta cátedra cuando habla, no pregunta, no solicita, no escucha. El Lobo cree que siempre sabe la respuesta, por eso no la busca. El Lobo es especialista en señalar errores, corregirlos y acompañarlos de sabias palabras “si no fuera por mí”, “siempre tengo que hacer yo”. Al Lobo le cuesta reconocer, no valora el aprendizaje.

Para el Lobo sólo hay resultados, no hay proceso para generarlos, no acompaña en los procesos, si el resultado no es el esperado sesga la realidad para que la culpa sea de terceros. El Lobo trabaja para sí mismo en vez de para su equipo, disfraza el trabajo para sí en trabajo para el cliente.

La palanca favorita del Lobo para eliminar su “competencia interna” es el desprestigio. Genera conflictos cuando le interesa, los aprovecha en su favor para hacerse notar. El Lobo nunca comete errores que afecten a los resultados, el error siempre tiene un nombre y apellidos que no son los del Lobo.

Así la capacidad destructiva del Lobo afecta al capital humano de la empresa, transforma EQUIPOS en GRUPOS, elimina la confianza, favorece la independencia frente a la interdependencia, influye en la falta de orgullo, de entusiasmo y de compromiso con el proyecto, es un gran destructor de talento.

Por otro lado, un mal diseño de los incentivos de un Lobo con déficit de ética comprometerán la viabilidad del negocio, la consecución del objetivo primará sobre los procesos o los medios, pierde la conciencia de los riesgos, crecerá o decrecerá sin mirar más allá de los 12 meses. Es fácil imaginar a este tipo de gestores con flexibilidad total del mercado laboral y con puros objetivos de reducción de costes, o puros objetivos de generación de beneficios. Se sentirá tentado de tomar decisiones que pueden comprometer estratégicamente a la empresa, sin ningún tipo de horizonte sostenible del negocio.

Parafraseando al gran Rodríguez de la Fuente, “que el lobo viva donde deba vivir, para que en las empresas españolas dejen de escucharse los aullidos del Lobo”.

Fuente de la fotografía: http://www.eleconomista.es

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