Ella soñaba con ver la Tierra desde el espacio. Los rusos buscaban propaganda. Querían demostrar a los estadounidenses que eran capaces de poner en órbita hasta a una mujer. A Valentina Tereshkova le dijeron que tendría que aguantarlo todo para convertirse en la primera astronauta.

Ella, de por sí comunista, se volvió más decente, más sumisa, más obediente. El 16 de junio de 1963, Gaviota (su nombre en clave) describía con voz aguada por la emoción la belleza de nuestra burbuja azul. Valentina Tereshkova dejó pasar décadas antes de contar lo que pasó después de ese momento histórico.
Nunca dijo que estuvo a punto de perderse en el espacio porque hubo un error en la inclinación de la órbita de su nave. Tampoco que pasó 70 horas sin comer porque la comida no estaba suficientemente hidratada. Jamás confesó que en el aterrizaje con paracaídas cayó en mitad de un lago en Kazajstán y poco faltó para que se ahogara por la debilidad. Al día siguiente, con una gruesa capa de maquillaje, Valentina sonreía a los cámaras de la época. Aún así, algunos de sus compañeros la acusaron de estar borracha en la nave y de faltar el respeto a sus superiores. Los mismos mandos que le habían ordenado minutos antes cubrir los moratones de su cara y disimular los rastros de su extenuación.
Durante décadas, Valentina vivió con la esperanza de volver a ver aquella burbuja. Sólo rompió su matrimonio –el divorcio suponía el fin de su aspiraciones como astronauta-, cuando los médicos le dijeron que ya no estaba en condiciones físicas para un nuevo viaje.
Fuente de la información: vocaciontemeraria.wordpress.com
Fuente de la fotografía: http://gallery.nen.gov.uk
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Muy maja esta historia. Cualquier cosa por huir de aquí eh?