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Asegurar un iPhone mientras se desploma Haití

10.25 de la mañana. Madrid. 12 de enero de este nuevo año. Rubia, 1 metro 75 cm. Bolso de piel negro estrangulado por la mano derecha. Brazo izquierdo apoyado en el mostrador de una tienda de telefonía móvil. A esa misma hora. Haití. Niño con peluche en Hospital infantil.

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La rubia de metro 75 cm pretende asegurar su iPhone. Es decir, que la susodicha tienda le satisfaga con el mejor seguro: a prueba de bombas, caídas, roces y charcos. El objetivo es que su artilugio permanezca inmune. La rubia consigue el seguro, aunque si el iPhone se sumerge en un charco nadie se hace responsable. Retira su brazo izquierdo del mostrador, después de estirarlo, y se marcha orgullosa tras guardar su ‘chisme’ entre bolsillo y fundas caras.

En el mismo instante en el que la rubia alcanza su cometido, el niño con peluche en hospital infantil está sentado sobre su cama. Nadie le asegura nada. Ni su vida, ni la del peluche cuasi roído, ni la de más de 9 millones de personas que residen en Haití, la isla más pobre de toda América.

16.53 de la tarde en la isla. 22.53 en España. La rubia acaricia su iPhone mientras cena con su marido e intenta conectar en la conversación mientras la tele habla de sus cosas. El niño con peluche del hospital infantil se queda sin peluche. Este, roído, se cae al suelo. Y es que se ha desatado un temblor. Un fuerte terremoto de magnitud 7,3 en la escala de Richter sacude Haití. Pánico y desolación en la capital, Puerto Príncipe, donde decenas de edificios se han desplomado. El hospital infantil es uno de ellos. Se calculan miles de desaparecidos. Francia ya ha confirmado 200.

Barack Obama, la comunidad internacional y la ONU se arremangan para prestar ayuda. Y, de repente, un suspiro anónimo rompe el silencio que ha dejado la catástrofe. El brazo izquierdo de la rubia, mientras la tele habla del seísmo, ha derramado el agua de la jarra sobre su iPhone acariciado. Y el seguro, la seguridad, no ha servido para nada.

Fuente de la fotgrafía: elpais.com

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