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Ágora

Me habían dicho que era como uno bizcocho mal hecho. Mucho producto, muy hinchado, pero al hornearse mal quedaba bofo, incluso un poco mazacote. Otras personas que me la recomendaron insistían en la vena feminista, en la figura de Hypatia de Alejandría como una gran científica que brilló y que murió mártir de los fanatismos y la cultura machista.

Agora

En mi opinión, ni una cosa ni otra. Ágora es una oda a la apertura de mente, al poder de la inteligencia humana, y para ello, Alejandro Amenábar elige el justo momento en que la cultura de occidente entra en declive. Aplica la sencilla fórmula que se utiliza con los colores: si queremos resaltar el blanco, pongamos un fondo negro.

La biblioteca de Alejandría era una de las siete maravillas del mundo, y fue el primer gran lugar del conocimiento. Durante generaciones se recogieron allí manuscritos de toda esa zona de oriente medio, donde el conocimiento se abría paso a pesar de los pocos medios. Era la recopilación del despertar de la sabiduría humana, en definitiva, el trabajo duro de quien parte de cero, de aquellos pensadores que en distintos ámbitos hicieron el duro trabajo de poner en marcha todas las ciencias. India, Mesopotamia, Israel, Grecia, Roma, el gran legado de Egipto….todo eso estaba en la biblioteca de Alejandría.

Un maravilloso templo del conocimiento, donde además de leyes, era cuna de la filosofía y de los valores que debían marcar el desarrollo de la Humanidad. Ágora nos cuenta el momento en que esa cocina del pensamiento, por los fanatismos religiosos, desaparece.

Y Alejandro Amenábar nos lo cuenta con toda la poesía que permite tener los medios cinematográficos de primera división. Sus zooms increíbles, como un Google Earth de lujo, hacen magia para sacarnos de la historia particular de Hypatia y sus amigos en los momentos oportunos. Porque esto no es una biografía, ni una historia de amor. A pesar de las apariencias. Es absolutamente gloriosa la imagen del momento en que los cristianos entran en la biblioteca de Alejandría, con un plano aéreo cenital, acelerado, que asimila a las personas moviéndose por el recinto con una plaga.

Y después de todo el alarde técnico y fotográfico del relato, Amenábar nos deja el mensaje: el círculo se abre a todas las posibilidades, parábola, hipérbola y la elipse, en donde reside la clave. Los círculos estaban mal vistos. Hay que abrir la mente, no dar todo por sabido, por fijo, por cerrado. Hay que abrirse a todas las posibilidades, a pesar de las apariencias. Allí reside la llave para acceder a novedades en el conocimiento.

Y mientras Hypatia se va, a través de un círculo que se transforma en elipse, Alejandría y sus conocimientos caen bajo la influencia cristiana que allí impone Cirilo, y todo occidente se sumerge en la oscuridad de la ignorancia, de los dogmas, del cuadrado, del círculo y la cruz. De los “scriptoria” donde se pudrieron los pocos libros que quedaron vivos de aquel entonces. Donde muchos otros fueron destruidos a posta. La tierra, como el conocimiento, volvió a ser planto y se impuso el temor de Dios.

Lo peor de todo es que casi 2000 años después, las cosas, si lo pensamos, no han cambiado demasiado. A pesar de las apariencias.

Fuente de la fotografía: metafisicasedecentral.com

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