Contenedor de Reciclaje »Medio Ambiente »

Los CSI del medioambiente (II)

Viene de: Los CSI del medioambiente (I)

Al hospital de animales de la organización GREFA llegan todas las semanas ejemplares protegidos con señales de haber muerto en circunstancias ilegales, a menudo, remitidos por la Guardia Civil. Es el caso de una hemba de gavilán encontrada muerta en un camino de Villaviciosa de Odón, cuya necropsia va a realizar Yeray Seminario, veterinario de esta entidad conservacionista.

gavilanhembra

La muerte natural está descartada porque se trata de un ejemplar fuerte y sano. Las radiografías a la rapaz protegida no revelaron la presencia de perdigones en el cuerpo, pese al orificio sanguinolento en el buche, que puede deberse a un picotazo de otro depredador o a que el animal haya reventado literalmente por haber ingerido un cebo envenenado.

Al abrir el cadáver, se ve que el agujero en el buche se continúa por los músculos pectorales y el esternón. Esto, los hematomas en esa zona, en los pulmones y en el cráneo, una luxación en el hombro izquierdo y la presencia de sangre fresca hacen pensar nuevamente en una muerte por traumatismo (seguramente un disparo y el golpe al caer desde una gran altura).

El hecho de no encontrarse perdigones ni orificios de salida complica el dictamen, pero finalmente, la conclusión probable de la necropisa es una muerte por disparo. A partir de este momento, algún desaprensivo que haya estado cazando la semana anterior en uno de los contados cotos de Villaviciosa puede tener problemas, ya que matar a una rapaz protegida es un delito ecológico.

De todos modos -matiza el Aecoforense-, en este caso el animal llevaba varios días muerto cuando fue encontrado y está en proceso de putrefacción, y eso complica mucho el dictamen; las lesiones son coincidentes con una muerte por disparo pero no puede descartarse un envenamiento@. Por este motivo,  se envía una muestra al departamento de Toxicología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

En algunos casos, la entomología o estudio de los insectos, que popularizase “El silencio de los Corderos”, permite averiguar con precisión, según el tamaño de la fauna cadavérica que se encuentre, desde cuándo existe el cadáver, es decir, cuando murió el animal. Esto proporciona a los investigadores una información valiosísima que puede  conducir hacia los sospechosos de un delito contra la fauna.

INSPECCIÓN OCULAR

Haya o no un cadáver, la inspección ocular inicial es un momento clave de la investigación ya que, tras ese primer análisis, puede que nunca más aparezcan los datos que conduzcan hacia los ecodelincuentes: huellas dactilares, proyectiles, casquillos, pelos con raíz y ADN, marcas de calzado, restos de pintura, contaminantes y otros muchos indicios son dejados involuntariamente por los autores del delito para que estos “policías de bata blanca” los conviertan en pruebas irrefutables durante el juicio penal Asi este primer escalón se hace mal, no hay nada que hacer luego Bseñala el coronal José Antonio Sánchez Molero, jefe del Servicio de Criminología de la Guardia Civil-. “Nosotros decimos que no hay delito perfecto sino inspección ocular mal realizada”.

Expertos en inspecciones  oculares son las Brigadas de Investigación de Incendios Forestales (BIIF), un experimentado equipo de ingenieros forestales e ingenieros técnicos que colaboran como peritos con las diferentes policías en la tarea de buscar culpable a tanto fuego delictivo. Armados de termoanemómetros, termohidrómetros y otros aparatos de precisión, estos piroforenses reconstruyen el incendio hacia atrás leyendo en los troncos calcinados (más negros en la cara más expuesta, menos quemados en la cara opuesta) y llegan a la zona de inicio donde el incendiario seguramente haya dejado pistas sobre su identidad.

“La zona de inicio -explica Miguel Ángel Porrero, coordinador de las BIIF- se acordona y se hace una inspección ocular fina, como hacen los forenses: se tamiza, se crean unas calles con unas cuerdas, el investigador se pone de rodillas y busca algún resto del inicio del incendio”. Se trata de un trabajo muy minucioso que recupera casi siempre restos significativos, como piñas en zonas donde no hay pinos, una vela en un vaso de plástico, restos de líquidos inflamables detectables por el olor, un cigarro dentro de una caja de cerillas, una colilla en una zona donde no llegan excursionistas, un mechero o una mecha lenta.

“La mayoría de las veces -explica el coronel García, jefe del laboratorio de Medio Ambiente de la Dirección General de la Guardia Civil-, se determina el acelerante de la combustión. Estamos trabajando para determinar también el tipo de aditivo, algo que puede revelar, por ejemplo, un gasoil agrícola que apuntaría hacia agricultores de la zona”. La policía científica tiene, incluso, perros adiestrados para detectar el olor de una gasolina o la parafina de una vela, aunque, hasta la fecha, no los ha utilizado en incendios forestales sino en incendios de naves o viviendas.

Autor del reportaje: Rafael Carrasco. Agencia Dossier.

agenciadossier

Fuente de la fotografía: http://www.seo-alicante.org

También te puede interesar...

  • 750 días de contenidos nos han ofrecido una pequeña dosis de lectura al menos. Procesos electorales, conflictos, emergencias humanitarias, debates energéticos, cumbres sobre el Cambio Climático, p ...

  • Se acaba una etapa donde se ha acostumbrado a la sociedad a no pensar, la de los mass media. Comienza una nueva etapa con el reto de la participación ciudadana en los medios de comunicación, aunqu ...

  • Esta es una pregunta que se hace ahora mismo mucha gente, que los partidos mayoritarios intentan desvirtuar hacia sus intereses. La mejor respuesta está yendo a comprobarlo, en la misma plaza. Tam ...

Comments are closed.