Si los fundadores de la Unión Europea vieran el mapa actual del viejo continente se sorprenderían que en Bielorrusia, uno de los países de la antigua órbita soviética, se mantenga la misma persona en el poder y con la misma fuerza que el primer dia.

Alexander Lukashenko se mantiene en el poder gracias a unas elecciones “democráticas” y a un estilo de mando bastante variopinto. No es extraño verlo en algún partido de hockey hielo, retransmitido por la cadena nacional, en el que el dirigente brilla por sus buenas dotes con el palo de hockey.
Sin embargo, Lukasshenko es un amante de la antigua Unión Soviética y de su modelo de estado. Bielorrusia sigue siendo la única república componente del eje ruso que que mantiene la bandera dibujada por los bolcheviques y el KGB. En la capital, los ciudadanos pueden admirar que la construcción de los monumentos recuerda también a la época de Stalin, en la que cualquier monumento era la excusa perfecta para engrandecer las cualidades del dirigente.
En 1994 ganó sus primers elecciones presidenciales. Tras su llegada al poder acusó al antiguo presidente, Stanislav Shushkevich, de meter mano en las arcas del Estado. Amenazó a sus rivales con expulsarlos «a los Himalayas» y dijo estar bajo amenaza de asesinato. En septiembre de 1995, ordenó abatir un globo aerostático pilotado por norteamericanos que había rebasado por error la frontera bielorrusa durante una competición deportiva.
Antioccidental convencido, durante la etapa de Bush la televisión pública bombardeó las conciencias de los espectadores con programas criticando las actuaciones del ex-presidente estadounidénse, donde criticó, por ejemplo, la lentitud de Estados Unidos en el caso del Katrina.
En 2002, Lukashenko consiguió dejar a su país aislado de la comunidad internacional. Así, la Unión Europea vetó el visado de algunos funcionarios bielorrusos, al mismo tiempo, que Putin le dió la espalda por el rechazo de Lukashenko a la adhesión con Rusia.
La última actuación del lider bielorruso ha sido no reconocer Abjasia y Osetia del Sur y ponerse del lado Georgia, recordando a sus ciudadanos que deben acatar las leyes de Georgia a la hora de visitar ambas repúblicas caucasianas, reconocidas actualmente sólo por Rusia y Nicaragua.
Lugares como Bielorrusia mantienen la incertudumbre en la zona, especialmente en el transporte del gas y de la extracción de nuevas fuentes energéticas.
Fuente de la fotografía: http://charlespaolino.files.wordpress.com/
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