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Crónica de un viaje a Oxaca…Vol.II

Viene de: Crónica de un viaje a Oxaca…Vol.I

A los dos días fui para la costa. Ve a Huatulco, me dijeron. Y allá fui, con un pequeño mapa de la guía sin saber lo que esperaba. Para ir a Huatulco tome un camión a Salina Cruz, allí contacté con unos y otros, era de noche y se había ido ya el último transporte hacia el norte, pero salía una camioneta particular, y nos montamos en ella, una maestro y yo, y mirando las nubes plomizas que desgarraba la luna fuimos llegando, curva tras curva.

huatulco

Pararon varios retenes militares, pasan muchos imigrantes ilegales por allá, me dijeron. Pidieron pasaporte, revisiones. “Andas sola”, “pues no, con los amigos”- respondí.

Y que vas a decir, que se dejen de cuestionamientos. Después acampé en la playa. Huatulco es muy turístico, grandes hoteles, parada de cruceros, pero tiene una vegetación (selva baja caducifolia) hermosa, agua azul y piedritas blancas. A la mañana, un chavo medio loco me invitó con sus amigos a pescar. Sus amigos estaban más cuerdos que él. Fui. Y el viaje fue indescriptible. Allá no hablan chilango, sino su propio argot, así que cámara o carnal (amigo) se dice prichi.

El capitán del barquito era un negro de 1,50, que manejaba, nadaba y jugaba a futbol como dios. Acudimos a ver los delfines en manada, como hacían piruetas, como se lanzaban delante de la proa tan rápido que apenas si me daba tiempo a tomar fotos. El sol caía fuerte, y también había peces aguja que raspaban las aguas a brincos. Aprendí a pescar doradas, que se agitaban como locas hasta sangrar el cajón donde se las colocaba. Y acudimos a bucear a una bahía.

El animal más gracioso que he visto y tocado nunca es un pez globo. Todo el mundo debería tocar un pez globo, que es para ahogarse de la risa. Nadan más despacio que el resto por eso es fácil atraparlos un rato. Cuando los agarras se defienden afilando sus espinas, después se intentan fajar deshinchándose, tienen cara de puerco y unas aletitas ridículas y rápidas como de gelatina.  Su panza es blanca, al menos de la especie que más abundaba en esas aguas, y te miran a la cara con terror mientras intentas tranquilizarlos o los volteas. Que vida esta, que divertidos los peces globo. También lo son las estrellas de mar, que se mueven como un brazalete animado y crean figuras en las palmas de las manos. Había cientos de caracoles diferentes, erizos y peces. Había bancos de pez navaja, doscientos y trescientos peces azulados, amarillos y negros que voltean al compas de las aguas, y muchos peces chicos y grandes, tranquilotes, histéricos que entran y salen de los arrecifes de coral, especialmente bonito uno azul y naranja, muy fluorescente y moteado, cuyo nombre desconozco, y otros pequeños y alargados que nadan alrededor. Verlos bajo el mar, con esas burbujitas que suben de las algas al respirar, es….

Mientras buceábamos, entrábamos y salíamos de grutas de piedra rosada, que acostumbran a llamar “de los murciélagos”,  “el chilango” el asistente del capitán, hacía sus pinitos al nadar. “Pinche pescado” gritaba cuando le mordían al pisar el coral. “Pinche pescado”, gritaba muy alto. También era muy gracioso porque las gafas de buzo le quedaban grandes y le hacían una inmensa narizota, y quebraba (parecía el personaje cómico de una película dramática) el ambiente calmado y de espiritualidad de las aguas…. Que contenta andaba yo y cuantas rajas me hizo el coral filoso. Por la noche fui a ver jugar a un equipo de la costa, cantera esporádica de equipos de primera y ganó el equipo de los lancheros, que así se llama a quienes manejan barcos, ya para pescar, ya para el turismo. Y celebramos con chelas y toques.

Al día siguiente también salimos en barco. Sucedió algo digno de narrarse. Y es que mandamos cocinar unos pescados que nos agarraron, allá me contaban como la gente anda marihuana, como se conoce todo el mundo de una bahía a otra, haciendo una comunidad de unos 600 residentes, y hablábamos de cómo nos veíamos. “Saliendo de tu mundo”, le decía yo al capitán, parco en palabras. El capitán que salió de una comunidad selvática al norte, Chacahua, a los 12 años, para no regresar por un tiempo…y entonces él me contó que en un tiempo fichar el Pachuca, pero que no podía vivir lejos del mar, “pero mira”, me dijo, y me señaló un balón a su lado. Me dio a entender como a cada lugar que llegaba le ponían un balón para que echara unos toques, era muy conocido en la zona y entonces yo me quedé perpleja. ¿Cómo narrar la distancia cultural que separa dos mundos tan distantes? Después le pregunté si leía la prensa…solo por saber qué tanto innecesaria es allá. Y me dijo que cuando salió su equipo…y de vez en cuando compra el Sol del Istmo. No sé cuanto es de vez en cuando, pero algo me indica que es cada dos meses y  todo es una evidencia de las fronteras que alejan unas realidades de otras. El dueño del bar nos invitó a comer, porque él era quien era.

Continuará…

Fuente de la fotografía: http://www.atractivosturisticos.com

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