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Chiapas: en la Selva Lacandona II.

Viene de : Chiapas: en la Selva Lancandona I.

Hacia la carretera fronteriza

Cometimos el error de no llevar mapa y la fortuna de habernos hecho con suficiente gasolina en La realidad, por eso cuando cayó la noche estábamos muy perdidos por aquel laberinto pero avanzábamos a tientas

–         ¿Quién iba a pensar que en la selva no había indicaciones?

–         Pues cualquier persona que haya estado en la selva

Cuando preguntábamos a los campesinos nos miraban curiosos, nos indicaban como si fuéramos de allá y siempre con medidas temporales, «Por allá, recto, después a la izquierda y otra vez a la izquierda, en siete horas estarán en Guadalupe Tepeyac…»

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Yo miraba el carro y la ruta agujereada pensaba…»¿Cómo calculan las horas?» Atravesamos cañadas, que recordaban a las de Ocosingo, atravesamos desniveles, y la luna crecía, y las luces de los pueblos se apagaban. Un perro nos ladró.

Mucho tiempo después llegamos a la carretera fronteriza, la que fue construida de Palenque a Benemérito de las Américas y más al sur, según algunos para respaldar la presencia del Ejército y las petroleras. Allí si, siete retenes militares nos esperaban. El landroover estaba forrado con pegatinas de Red Hot Chili Peppers y los Ramones, alguno de estos grupos causó impacto en un milico, que apuntó detenidamente sus nombres, tal si pudieran tratarse de grupos insurgentes.

Palenque, Bonampack, Yaxchilan

No podíamos dejar de ver los yacimientos mayas de Lacanjá y derredores. Allí llegan autobuses turísticos de agencias de viajes, ya no solo los japoneses: todos ellos venían pertrechados de su máquina digital. Los guías explicaban con cuidado su tradición, los refrescos se vendían caros, y más cara el agua que la cocacola.

Es impresionante. Las ciudades mayas y sus santuarios desprenden un magnetismo físico, remontar sus escaleras es como jugársela a los pasos perdidos, puedes caer, pero puedes encontrar aquel punto que te conecte con una civilización latente que forjó tanta ciencia, tanta filosofía, tanto mito. Doce eran las ciudades mayas principales, en su momento de auge se respetaban unas a otras, después la competencia por el territorio y los recursos las llevó a la guerra. Los mayas conocían el cero, hicieron cálculos astronómicos a 25.000 años vista, levantaron con cal, resina y piedra pirámides que se conservan grandiosas en una selva que todo lo deglute. Su tradición oral permanece, aunque desconfigurada, en los cuentos de las comunidades. Su mundo es cíclico, sus energías penetrantes, sus ritos, como el juego de pelota, son una teatralización de la creación. Quien diga que fueron los marcianos quienes levantaron las pirámides es más racista de lo que imagina.

Continuará…

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